terça-feira, 23 de novembro de 2010

Extraña Reliquia de un Reino Tenebroso


Estaba en medio de un sorteo del Club de la Asociación del Barrio, con aquel número ganador y no sabía, era un domingo cualquiera, no pretendía ir a ningún sorteo todo cayó de casualidad en mis manos, y ahora que recuerdo no escuché el aviso de una india que vendía fruta en la calle, que pronunció una palabra extraña como que en dialecto andino, en evidente tono de advertencia, cuando vio que me llevaba el pbjeto del sorteo. Yo creía que no iba a ganar nada aquel domingo, era un número de tres dígitos, de los más comunes. Ponele un ocho, tres, cuatro. Cualquier gil de feria tiene un número así. No quiero ofender a la gente llamándola de tontos así nomás, es un modo de decir. Primero se me ocurrió que fuera un llavero, un juguete, algo así. Nunca me imaginé que fuera eso, aquel amuleto o representación espeluznante. Hoy en día hay muchas estatuas o artesanías de mal gusto, pero ésta tenía una expresión muy especial, muy perversamente fuera de lo común. Parecía una mezcla de batracio y persona de expresión burlona y retorcida, una abominación de la naturaleza representado aparentemnte como una entidad o ídolo milenar, pero su aspecto traspasaba cualquier descripción. Me fui de aquella reunión llena de vecinos, con una mezcla extraña de sensación de persecución y angustia desconocida.

Y al llegar a casa, no podía pensar en otra cosa que en aquel horrible amuleto quizás indígena, de alguna cultura olvidada, quizás más antiguo, antediluviano.

Me dijo aquel extraño hombrecillo de traje y portafolio con rasgos orientales que provenía de Oceanía, que pretendía comprarlo, que cuánto pedía por él.  Pero me negué a venderlo, aún temiéndolo de alguna manera y aunque me llenaba no entendía porqué de una creciente repugnancia también... ¿qué fuerza me impedía deshacerme de aquello?

¿Por qué parecía algo irreal, venido de tiempos inmemoriales? Decidí  llamar a Norah, una amiga que hacía tiempo no veía, ella era antropóloga, trabajaba en el museo de la ciudad y podría quizás orientarme. Primero fui prudente y decidí invitarla a tomar algo en un bar del centro, a ella le encantaba salir y yo no quería hacer demasiado misterio, darle demasiada importancia o que notara cómo aquello me perturbaba.

-¿Cómo te va, Julio? ¡Cuánto tiempo!-
-Bien, muy bien. Estás diferente, te veo muy bien, ¿tomás algo?- Nos observábamos uno al otro simultáneamente, en esos gestos rápidos que todos hacemos, "una foto" que nuestros ojos se sacaron, aún de pie antes de sentarnos concretamente. Hacía un par de años que no nos veíamos, mi ex-novia le tenía celos.
-Me gustaría una cerveza. Tenés razón Julio, siempre observador, realmente estoy diferente...-

Así charlamos primero de ciertas trivialidades sobre los amigos, el trabajo, el último noviazgo de ella que deshizo -aunque se bancaba la vida de casada primeriza como podía- ya que había encontrado al novio con otra mujer que él mismo confesó ser un "viejo amor inacabado", de las peleas sin sentido y una separación digamos bastante amistosa. Me preguntó porqué parecía tan serio, de cómo estaba mi vida sentimental, le conté que hasta ahora no podía superar el haber terminado con Romina, pero ella parecía feliz con su nueva vida y además haber terminado la facultad. "Vos la amabas mucho quizás, hay Julio, por ahí te pusiste muy romántico y poco práctico, las mujeres somos muy locas a veces, nos asustamos al ver algo que no podemos dominar, que sale de ciertos parámetros..."

-Che, que instinto analítico, ¿qué pasó?-
-Estoy cambiando un poco por dentro, no sé, desde que hice análisis me siento un poco mejor, y el psicólogo con quien estoy haciendo terapia es estupendo, no como aquel que se quiso encamar conmigo y tuve que salir a los apurones de la consulta-

Soltamos unas carcajadas después de varias cervezas, nos conocíamos desde chicos y habíamos noviado a los dieciséis, así nuestra amistad creció después, ella me llamaba de 'el poeta romántico escondido' porque entre mi timidez que era vencida por mis avances, fracasos y amistades con las chicas en esa época, con ella desarrollaba una amistad más personal y próxima, "si es que era posible la amistad con las mujeres, en tu caso sos la prueba", solía repetirle con el tiempo que fue pasando, mientras me creía un tonto más pretendiendo que amistad con mujeres ocurre igual que con nuestros compinches, típica ingenuidad juvenil, imposible. Las mentes de "anima y animus" son universos diferentes-. La vida seguía su curso luego de mudarme a otro barrio y a partir de ahí comenzar a viajar sin duda había cambiado mi vida. El curso en el exterior y el nuevo trabajo administrativo en la empresa de seguros -que funcionaba dentro de sólidos mercados- hervía de pretensiones lucrativas de los brokers, jefes, jefecillos autoproclamados y secretarias tan pretensiosas como chismosas, pinches tiranos de pacotilla en forma de agentes pendencieros, rivalidades del rubro ya preestablecidas hacía rato. Así era mi ambiente y su fauna de Oficina, cuestiones delicadas que había que saber llevar como coordenador de expedición, logistica y comunicación dentro de un trabajo en equipo, bienvenido al mundo selecto de los que sueñan alto financieramente, bienvenidos al mundo de la revista Forbes y The Economist. El mundo de los nuevos COs de fin de milenio, oficinas y cubículos administrativos, miles de hormigas corriendo al centro de la ciudad con cara exageradamente seria y pero técnicamente soñolenta, zapatos nuevos y camisa perfumada. Corre y llama un taxi que llegas tarde, los colectivos que corren por la Hipólito Hirigoyen no llegarán a tiempo.

Mientras agregaba detalles graciosos de mis experiencias de la clásica y típica oficina porteña, decorando la miseria humana de la mediocridad y falsedad de ese mundo, sentí que el clima estaba suficientemente distendido y los pasados de cada uno ya expuestos en las anécdotas entre tragicómicas y agradables, le conté sobre ese extraño objeto digno de museo que tanto me perturbaba y que además de cierta manera su influencia me provocaban extrañoas pesadillas bizarras.

"Traelo el lunes a mi despacho que está más tranquilo, el museo está cerrado y hacemos inventarios", dijo entusiasmada. La llevé a su casa que quedaba en Saavedra en mi coche, y nos despedimos.

Una semana después le llevé ese extraño objeto. "Qué cosa fascinante, ¿lo ganaste en un sorteo, en serio?" "Esto parece realmente de un material antiguo" Le dije lo que me habían dado como documento de legitimidad, una especie de certificado, pero que estaba en mi casa. "No importa, despúes veo eso, quisiera quedarme con el objeto para poder averiguar su origen" Se lo quedó un tiempo y de repente mis pesadillas desaparecieron. Dormí como un bebé durante un mes hasta olvidarme de todo aquello. Le mandé por correo los documentos de dicho objeto, del sorteo de antigüedades en que lo gané. A partir de ahí, mi vida cambió completamente, hasta mis noches empezaron a perturbarme en forma de extrañas pesadillas, con acantilados altísimos entre desiertos de sal y tener concretamente la sensación de poder de vuelo supersónico, paisajes inmensos se abrín ante mis ojos. Al dia siguiente me despertaba cansado como si hubiera viajado físicamente. Las pesadillas eran de proporciones megalíticas. En cierta ocasión en una muy particular yo mismo observaba desde una altura considerable, grandes gigantes marchando, probablemente emontado en el hombro de uno agarrado a unas cuerdas que eral en pelo, eran de apriencia humanoide, de feos y toscos ogros, marchaban obvianmente con la intención de destrucción y saqueo de alguna villa o castilo de humanos. El cielo era extraño, ominoso, plomizo y sombrío cubierto de nubarrones y un densa nebrlina por momentos. Un ejército de hombresformados en legiones de infantería aparecieron de repente por delante, el ejército enorme apareció plantado en la inmensa llanura por delante de los gigantes, "tendria que huir inmediatamente" pensé por unos instantes eternos donde el tiempo parecía congelado, observando la distancia hacia el suelo. Realmente estaba a tiro de flechas, lanzas, onagros y ballestas. Me lancé al suelo, y comencé a caer, a caer, a caer. Al despertarme me dolía el cuerpo como si hubiera corrido mucho y caído, las manos un poco raspadas por la "cuerda" que sujetaba. Me fijé en los zapatos, tenían tierra en la suela, igual al color de la de los campos de los gigantes, siendo que utilizo asfalto todo el tiempo, no hay campos alrededor de donde frcuento qu epodrían ensuciar así mi zuela. El objeto del sorteo que estaba en análisis además tenía un rostro humanoide -escalofriante en su similaridad perfecta- igual a uno de esos ogros-trolls.
Un mes después, me enteré que Norah había sido internada en un hospital, con síndrome de pánico, trauma psicológico y estrés agudo. Habían asaltado el museo, unos tipos se llevaron muchas cosas, entre ellas la sombría estatuilla. Ella salió del hospital, y no quiso verme de nuevo, me mandó un mensaje a mi computadora diciéndome que en el asalto ese objeto había desaparecido, y dando pocas explicaciones, diciéndome también que se iría de viaje con vacaciones que la administración del museo le había sugerido a modo de licencia, y un psiquiatra le había recomendado. Intenté llamarla por teléfono tiempo después, pero respondía sólo su contestador electrónico.

Un día estaba simplemente exhausto por no saber más qué hacer, me senté en la vereda de enfrente de su casa, prácticamente rendido. En eso, una persona se acercaba, podía oír los pasos mientras yo me encontraba con la cabeza hundida entre los hombros. Era la vecina de enfrente, que conocía a Norah desde hacía quince años. Me invitó un café en su casa, su descripción me pareció exagerada:

"Me parecía extraño ver que había luces en la casa pero no veía a Norah salir hacía como una semana. Cuando salió ayer, aquel espantajo sobrecogedor no parecía Norah, era como una caricatura  habitando su lugar, un rostro descarnado, con la piel amarillenta peada a los huesos, una sonrisa forzada exhausta y casi soslayadamente satánica, un rostro envejecido, carcomido por una extraña demencia. Era muy difícil descubrir dónde había quedado algo de la persona de otrora. Eso que soy enfermera y ya he visto mucho en mi profesión. Cuando me miró con unos ojos vidriosos sentí un desgarro helado al tener que contemplar esa mirada de criatura desgraciada. Es increíble lo que puede cambiar una persona jovial en poco tiempo, me pregunté qué enfermedad mental o trauma podía dejar tales características en una persona. Usted tuvo suerte en no haber podido verla por última vez, qué suerte que podrá recordarla como fue, ahora quién sabe ella cuándo volverá de estos viajes. Un día se alejó de la puerta de su casa, atravesando el jardín rápidamente, caminando nerviosamente. En la puerta de su casa había un cartel, "Vende". Decidió irse de aquella vecindad cuanto antes." Sentí un viento helado solpando de repente en mi rostro. Como si fuera el aviso de un último adiós, de que jamás volveríamos a vernos. Después de un intervalo de silencio absoluto, mi mente se aceleró en búsqueda de un caleidoscopio de respuestas atropelladas, y surgían aún más preguntas. Decidí partir, me despedí de la vecina.

Lo más misterioso es que Norah nunca volvió de aquel viaje, la familia que vivía en Caballito, se había mudado y su email tampoco respondía. Un año después volví al museo, me dirigí al despacho donde ella trabajó durante años y antes de salir a paso acelerado, pude ver claramente que quien trabajaba en su lugar era ese mismo hombrecillo de traje que había querido comprar esa enigmática, -terrible engendro infernal- aquella pieza maldita en aquel sorteo del Club de la Asociación. Sonreía de un modo que no me gustó.

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